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OPERA ACTUAL – REVIEW – SIMON BOCCANEGRA – SALZBURGER FESTSPIELE 2019

La joven cantante letona Marina Rebeka fue una delicia como Amelia, mostrando un instrumento de soprano lírica de gran calidad, con un registro amplio y una rica pátina cromática. Su fraseo, siempre elegante, le permitió abordar desde la delicada cavatina «Come in quest’ora bruna», pasando por los dúos con Adorno y Boccanegra o la página «Nell’ora suave» con delicadeza e intensidad a partes iguales.

Salzburgo: Frialdad escénica para un ‘Simon Boccanegra’ vocalmente elevado

 

29 / 08 / 2019
Albert GARRIGA

 

Este verano ha sido especialmente prolífico para Valery Gergiev que, por lo que se refiere a ópera, ha dirigido desde su Mariinsky, en los festivales de Baden-Baden, Verbier -donde además es director artístico-, Bayreuth y este Simon Boccanegra en el de Salzburgo. Su frenética actividad a veces ha acusado de cierta superficialidad en sus lecturas. Pero precisamente en este Simon no fue el caso. Cierto que no resultó ser la lectura antológica de Claudio Abbado, con esa cuidada italianidad, pero ya sea porque tenía delante a la Filarmónica de Viena, ya sea porque se lo tomó especialmente en serio, Gergiev condujo brillantemente un Verdi que es poco dado a artificiosidades y más a sutilezas con el brío necesario y creando la atmósfera a veces siniestra que la partitura demanda. Sí es cierto que a la versión de Gergiev le faltaría cierta calidez y le sobraría aspereza.  

Escénicamente, la cosa iría por otros lares. Por una parte, son bienvenidas las relecturas que aportan frescura y que acercan al público actual libretos concebidos para otras épocas, pero para cambiar de época y modernizar sin aportar nada es mejor buscar un trasfondo conceptual. Menudo alarde de creatividad el de Andreas Kriegenburg al situar el movimiento político y la conspiración en el mundo de las fake news y los tuits, usando una proyección de mensajes de móviles para que el público se diera por enterado. Esa fue la gran innovación y un espacio escénico de gran frialdad propio de un museo de arte contemporáneo, lo demás, prácticamente siguió el punto y coma el libreto original.  

Vocalmente la cosa anduvo mucho mejor y se consiguió juntar uno de los mejores repartos actuales. Luca Salsi> (Simon) se encuentra en un estado vocal encomiable y su interpretación resultó de alto calibre, exhibiendo un instrumento de gran calidez, una proyección sobrada y un fraseo sutil. Estuvo especialmente brillante en la escena «Plebe! Patrizi!», donde mostró el ímpetu y gallardía necesarios, pero también sacó partido a la delicada escena final.  

La joven cantante letona Marina Rebeka fue una delicia como Amelia, mostrando un instrumento de soprano lírica de gran calidad, con un registro amplio y una rica pátina cromática. Su fraseo, siempre elegante, le permitió abordar desde la delicada cavatina «Come in quest’ora bruna», pasando por los dúos con Adorno y Boccanegra o la página «Nell’ora suave» con delicadeza e intensidad a partes iguales.  

René Pape es un lujo en cualquier reparto, a pesar de dibujar un Fiesco poco cavernoso y exento de oscuridad, más cerca del Filipo II que de ese conspirador, pero su fraseo es impecable y su musicalidad de aristocrática elegancia. Gustó mucho el tenor norteamericano Charles Castronovo (Adorno), que hizo gala de un instrumento de gran calidez, con un bellísimo squillo, y una perfecta dicción italiana -no en vano su padre es de Sicilia-, posee un voz de extenso registro y un fraseo de elegancia natural. Castronovo impactó en su comprometida página «Cielo, pietoso rendila», donde derrochó musicalidad y saber decir verdiano. Muy notable anduvo el Paolo Albiani de André Heyboer, y a seguir especialmente por la calidad y singularidad del instrumento el bajo italiano Antonio di Matteo (Pietro).  

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